Vicente Sarañana, Presidente de Mallorca Wordsmiths

Este año soy Presidente…. ¡ GRACIAS ¡

Estoy seguro de que muchos de vosotros estaréis de acuerdo conmigo si digo que al hacer las cosas por obligación o por imposición no aplicamos el mismo interés que cuando las hacemos por voluntad propia y que por tanto el resultado puede variar enormemente.

Cuando nos presentamos voluntarios sabemos a lo que vamos, nuestro compromiso, nuestra involucración con “la causa” es mucho mayor. Y crece exponencialmente si se trata de un voluntariado prestado en grupo, pues de manera viral se nos contagia el entusiasmo y las ganas de “querer hacer“.

Este año me presente como voluntario para presidir nuestro Club Toastmasters y he tenido la suerte de contar con la confianza de mis compañeros para liderar al Club y al resto de voluntarios del Comité Ejecutivo.

Liderar, Dirigir, Coordinar, etc., son términos fáciles de aplicar en el entorno de Toastmasters pues cuentas con un sin fin de ayudas en manuales, guías y consejos tanto para tu desarrollo y aprendizaje personal como para hacer del Club un entorno que aporte valor a sus miembros.

Dicho así parece que la labor del Presidente es “coser y cantar” y en cierto modo lo es, sobre todo si como yo, tienes la suerte de contar con un equipo de personas entusiastas y comprometidos como los integrantes del actual Comité Ejecutivo y de algunos otros miembros que participan con labores de apoyo muy meritorias.

A nivel personal desarrollas (o mejoras) tus habilidades de gestión de equipos,  de organización de reuniones, de planificación, de motivación, de escuchar activamente, de delegación, a través de las diferentes herramientas que el sistema Toastmasters te proporciona, pero sobre todo aprendes a través de las relaciones humanas y la comunicación.

Relacionarte con personas, compartir experiencias, conocimientos e inquietudes es uno de los valores añadidos que nos brinda pertenecer a un Club Toastmaster, y todo ello gracias a que todos tenemos un concepto común, el estar aquí por voluntad propia.

Gracias, por dejarme tener el privilegio de poder crecer a vuestro lado.

 

Vicente Sarañana

Noviembre 2015

PechaKucha – 20 diapositivas en 20 segundos

En los últimos años, la tecnología de la información ha permitido que un gran número de movimientos rompedores llegue a cada esquina del planeta, contagiando a personas de todas nacionalidades de ideas que han comenzado como algo más bien local. Un ejemplo de esto es PechaKucha 20×20.

Nacidas en Japón hace diez años, las PechaKucha Nights son reuniones informales y divertidas en las que gente creativa comparte sus trabajos, sus ideas, sus pensamientos, presentándolos frente a un grupo de espectadores que busca, sobre todo, pasar un buen rato. La gran particularidad de estas sesiones es el formato cerrado: 20 diapositivas, 20 segundos cada una (de ahí 20×20). En otras palabras, el ponente está obligado a compartir su idea en seis minutos y cuarenta segundos (ni más ni menos), con la ayuda de 20 diapositivas.

El viernes pasado me estrené (como espectador) en la segunda edición de PechaKucha Mallorcay éstas son mis conclusiones.

Tres aspectos positivos de las sesiones PechaKucha

  • Dinamismo y concreción: El hecho de que cada 20 segundos pase una nueva diapositiva da mucha vida a cada presentación, evitando que el ponente se enrolle a muerte (cosa dolorosamente habitual en otros contextos) con una sola idea. Tener el tiempo tan en contra obliga a dedicar lo justo a cada cosa yendo al grano y facilitando el entendimiento del tema tratado.
  • Espontaneidad y frescura: El ambiente distendido de las sesiones (reforzado por la tendencia artística de la mayoría de las ponencias) invita a la espontaneidad y a la frescura por parte de casi todos los ponentes que en muchos casos hacen coñas y lanzan guiños a las caras conocidas.
  • Ayuda visual: Cada diapositiva busca servir de apoyo a aquello que dice el presentador. Como se dispone sólo de segundos para cada una, a más visual, mejor. Y, al parecer, es la línea que afortunadamente siguen todos (supongo que, sobre todo, gracias a la tendencia artística que comentaba más arriba).

Potencial de mejora en las sesiones PechaKucha

  • Descontrol del tiempo: Si la preparación no ha sido exhaustiva, es muy fácil pasarse de tiempo y seguir hablando de lo mismo tras el cambio de imagen. Inversamente, si una imagen no tiene demasiada “chicha”, puede haber un bache de tiempo antes del cambio con un silencio evidente y un tanto incómodo.
  • Descoordinación: Si dos personas presentan a la vez y no han ensayado lo suficiente, corren el riesgo de pisarse mutuamente mostrando descoordinación y provocando confusión en la sala.
  • Protagonismo difuso: Hay imágenes que imponen, y si el ponente no tiene presencia (que tiene mucho que ver con el lenguaje corporal retraído y la monotonía vocal), puede ganarle en protagonismo haciendo que éste quede en segundo plano.

¿Por qué ir a una sesión PechaKucha?

Me encantó. Es un concepto fresco e interesante, que permite en cada sesión que un puñado de personas venda su idea y se dé a conocer ante un público local muy diverso. Al público le ofrece pasar un buen rato, conocer a gente inquieta en un ambiente distinto al habitual y descubrir ideas y proyectos que de otro modo probablemente no habrían descubierto.

Muy recomendable como público y gran plataforma para los ponentes. Aunque, en cualquier caso, y como aviso a navegantes, si no eres capaz de decir lo que haces en un párrafo es que no lo tienes demasiado claro. Pero si no puedes decirlo en 6:40, mejor apaga y vámonos.

Imagen de Amersfoort Creatieve Stad

Sebastian Lora2